La paciencia, estar. Ver moverse todo como un acontecimiento inevitable, rotar esperando la naúsea volver a presipitarse en gas, en un refuerzo lento y predeterminado, cíclico, parsimonioso. Contemplar el movimiento giratorio de manera equivocada, desarrolladamente inútil, enferma; sentirse el centro del mundo como un príncipe que hereda el cáncer del compás, del navegar en círculos. Estar, seguir movilizando al otro tuyo que espera ser retomado, re-escogido de entre todos esos detestables despojos de tí.
domingo, 20 de abril de 2008
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